06 diciembre 2005

Tras la ducha


Me encanta pasearme por la habitación desnuda. Me encanta exhibirme ante mi querido amigo El Espejo con todo mi explendor... Me paso las manos por el pecho... me gusta mi pecho, no grande, no pequeño... Me paso las manos por las torneadas caderas... me gustan mis caderas con la forma que le da a mi pantalón ajustadillo... Me gusta mi culo que invita a hacer locuras. Realmente me atrae mi cuerpo de mujer.

Me gusta sentarme en la cama ante mi querido Espejo. Separar las piernas. Echarme hacia delante... Sí, me gusta. Me gusta echarme hacia atras, imaginarme que me ven mientras lo hago. Que el espejo me sea cómplice y me permita verme en los ojos de otro...

Me gusto... Me atraigo... Mis manos empiezan a acariciarme el cuerpo. Se que nadie me puede dar tanto placer (si exceptuamos las perlas, claro) como el que me doy yo. No me importa contraerme y retorcerme exageradamente. Nadie mas que mi querido Espejo me ve...

Me encanta ponerme a cuatro patas, que una es perra, que le vamos a hacer, mirarme en los ojos del Espejo. Ver como los placeres de mi cuerpo se trasforman en mis placeres del alma (ese alma que dicen que no poseo). Me encanta abandonarme durante horas, días, lustros así.

5 comentarios:

pablo dijo...

Yo una vez tuve un sueño.

En la puerta del armario de mi habitación había un espejo que hacia la función de puerta. Estaba justo enfrente de mi cama y cuando me masturbaba me reflejaba en él.

Jamás fui capaz de mirarme. Me daba vergüenza.

Jamás... hasta aquella mañana:

Estaba solo en casa y, como cada mañana adolescente, una erección me daba los buenos días.

La maniobra era ya inconsciente, instintiva. La mano sabía de memoria el recorrido y mi cuerpo siempre estaba presto a la reacción.
Quizás el onanismo sea la recreación de la necesidad de querernos a nosotros mismos que tanto disimulamos de mil maneras para evitar ser tratados como egocéntricos vanidosos, pero no deja por ello de ser gozosamente placentero el hecho de saber que solo tú eres el único ser que conoce tus secretos.

Y de golpe recordé el espejo.

Abrí un poco las piernas y vi mi reflejo disfrutando del placer solitario. Me solté el pene, completamente sorprendido, pero mi otro yo, el de detrás del espejo siguió con su sensual danza de sexo manual.

Aun no era capaz de conectar con lo que pasaba, cuando las manos de mí otro yo salieron del reflejo y comenzaron a acariciar mi pene. Rodearon con lentitud el glande, como metáforas de una lengua deseosa de complacerme, y fueron recorriendo con acompasados movimientos mi pene, mis testículos. Acariciaron el inicio de estos y mientras ellas me hacían casi perder el sentido yo, con mis manos, acariciaba mis ingles y las partes que ellas no abarcaban.

Cuando eyacule caí extasiado en la cama. ¿Habían sido segundos?. ¿Horas?.

Atardecía y yo era incapaz de atreverme a mirar al espejo.

Cuando por fin me decidí a levantarme anochecía.

Mi reflejo estaba allí, con una sonrisa bobalicona en la boca que no supe identificar con la expresión de asombro de mi cara.

Me metí en la ducha y cuando regrese a la habitación apague la luz para evitar ver a aquel Dorian Grey de lavapies que me recordaba la vergüenza previa a aquella mañana en la que perdí la ¿Inocencia?.

Ahí me despertaba.

No sé. Tu relato me ha recordado aquel sueño.

Un beso

Pablo

policaricus dijo...

Querida Perra, como que dicen que no tienes alma !!!
Te lo tendran que decir desde el otro lado del espejo, para que no les veas los ojos y te des cuenta que mienten.

Perra Pelirroja dijo...

A tí, mi querido Pablo: no imaginas lo que me alegra saber que mis relatos te recuerdan cosas de tu semi-infancia... Siempre es bueno para todo el ser capaz de recordar.

A tí, mi querido policaricus: Creo que es eso, que están al otro lado del espejo y realmente no pueden ver el ardor de mis ojos para que vean que tengo. Pero eso es mejor... así se pueden sorprender cuando se acercan un poco más y sacan de detras del espejo la cara.

Anónimo dijo...

pues a mi tras la ducha albornoz que hace un frio que pela jajaja

Perra Pelirroja dijo...

Mi querido anonimo... ¿Sabes lo que es la calefacción? gracias a ella puedo andar sin el albornoz por casa... gracias a ello mi espejo se alegra, como yo, cada mañana...

Siento que tú no tengas... o, mejor aun... te jodes por no tenerla y tener que recurrir al albornoz (fijo que lo pringas) o a las sabanas mojadas... que seguro que algunas son de tentaciones... ¿alguna mía tal vez?