
Me llamas bruja. Dices que encanté tu mente. No. Tus deseos son los que te encantaron. Los que te atraen a mi cama cada noche son tus deseos. Tus deseos son los que buscan mis curvas bajo las sábanas de la cama. Tus manos se mueven por los deseos cuando, disimuladamente, en un bar buscas rozarme los senos mirando a otro lado...
Mi brujería es la que me otorgas. Mi mirada hacia tí no es la de la hechicera... No me gusta malgastar. Caiste sin que tomases ningún filtro. No necesité nada para hacerte caer.